Le gustaba pasear, algunas noches, por el barracón de los lobatos. Allí estaban las mujeres, protegiéndoles. Y allí estaba Gea.
Y Edam adoraba a Gea. Escucharla, olerla, verla dormir rodeada de sus pequeños lobos. No hay nada que le devuelva las fuerzas cada día como mirarla a ella. Un pequeño motivo para seguir adelante. Alguien en cuya opinión pensar cada vez que toma una decisión. Está enamorado y, aunque ella no le corresponda, ese amor es una bendición.
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