"Quiero ser como Edam", escuchaba de vez en cuando. Y cuanto más lo escuchaba, peor se sentía.
Edam oteaba el montañoso horixonte. La cabeza de la reina campeaba en la empalizada. Una de las ventajas de los vampiros es que no se pudren sus cabezas si las quieres poner para dar ejemplo.
Le dolía todo el cuerpo, de sus mordiscos, golpes, arañazos. Se había defendido bien. Pero Edam era el primero peleando. En buena parte, por eso era el líder del grupo. Solía pensar que no había cosa más absurda.
Se pasó la mano por la cabeza y decidió que necesitaba un afeitado
La sensación de peligro había desaparecido.
Poco a poco se empezó a dibujar una sombra entre las montañas. Era mediodía. Nada de vampiros.
Le dio tiempo. Cada vez estaba más claro. Hombres, andando, a caballo, con carretas....
- ¡Bentham! - gritó
- ¡Voy! - escuchó como respuesta.
- Arma a todos, pero no quiero a nadie en lobo.
Bentham miró hacia donde miraba Edam. Supo inmediatamente lo que quería. Bajó y empezó a preparar a los hombres en la armería.
"Con humanos no, por favor", pensó.
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