sábado, 19 de noviembre de 2011

El arrugado papel...

... tenía la letra de su hermano. Y decía cosas extrañas.




Yo no me esperaba este cutre final,
y ni siquiera era consciente de que fuera realmente a acabar.
Qué mal... me quedan tantas cosas por estropear.

Y yo que pensé que me vestía por los pies,
que llegado el momento iba a subirme sonriendo en el tren.
Ya ves... aquí, picando el suelo del andén.
Me agarro de la almohada con los dientes.
Ya la morfina nunca es suficiente.
Te huelo detrás... y delante veo a la muerte.

Yo no dejo sonrisas ni caricias para el mundo,
y con todo crucifijo os podéis ir taladrando el oja.
Y después, pa limpiaros, os dejo mi alma inmortal.
Que no quiero ir al cielo ni al infierno,
ni ser una puta luz del firmamento.
Si yo me he de largar... sólo os quiero a todos muertos.

No hay en mí ni un buen deseo para el resto del universo,
y me resulta de mal gusto que siga girando el mundo sin mí.
Si estás aquí yo tengo que vivir.
Si estás aquí paso del cielo y del infierno.
No me vale ser para ti un recuerdo eterno.
Y quédate esta noche... que está oscuro y tengo miedo.

Ya que no voy a irme en paz, al menos que no me vean llorar.
Y que sepas que me debes mil abrazos... que me estoy quedando helado.
No me quiero marchar, pero quédate hasta el final.
Y me mientes si hace falta, que enseguida va a acabar.

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