"Quiero ser como Edam", escuchaba de vez en cuando. Y cuanto más lo escuchaba, peor se sentía.
Edam oteaba el montañoso horixonte. La cabeza de la reina campeaba en la empalizada. Una de las ventajas de los vampiros es que no se pudren sus cabezas si las quieres poner para dar ejemplo.
Le dolía todo el cuerpo, de sus mordiscos, golpes, arañazos. Se había defendido bien. Pero Edam era el primero peleando. En buena parte, por eso era el líder del grupo. Solía pensar que no había cosa más absurda.
Se pasó la mano por la cabeza y decidió que necesitaba un afeitado
La sensación de peligro había desaparecido.
Poco a poco se empezó a dibujar una sombra entre las montañas. Era mediodía. Nada de vampiros.
Le dio tiempo. Cada vez estaba más claro. Hombres, andando, a caballo, con carretas....
- ¡Bentham! - gritó
- ¡Voy! - escuchó como respuesta.
- Arma a todos, pero no quiero a nadie en lobo.
Bentham miró hacia donde miraba Edam. Supo inmediatamente lo que quería. Bajó y empezó a preparar a los hombres en la armería.
"Con humanos no, por favor", pensó.
sábado, 20 de agosto de 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
La reina
Edam entró y sintió miedo. No entendía por qué. Por el olor podía calcular perfectamente la cantidad de galerías y de comemierdas que podía encontrar... pero había otro olor.
O había veinte vampiros acurrucados en un rincón... o había un reina.
Andó, pisando cadáveres, con miedo. Alfonzo debió sentir el mismo miedo, ¿por qué avanzó tan rápido? Olió a miedo de vampiro, cada vez más cerca. Cerró los ojos y cogió la cabeza del vampiro, que no se lanzaba hacia él, sino que pensaba esquivarlo. Era alto y fuerte, pero su cráneo explotó entre las manos de Edam en tres segundos. Se preparó para correr hacia delante.
Uno, dos, diez, avanzaba desgarrando pechos y cabezas de vampiros, cogiendo confianza y dejando la salida limpia, y acercándose hacia el olor de la reina.El olor de Alfonzo reapareció, avanzando rápidamente hacia él. Muy rápidamente. Edam tuvo tiempo de prepararse para pararlo. Se lo había lanzado, la muy zorra.
Al? - dijo Edam, aterrado por no encontrar respuesta.
Hija de puta - respondió Alfonzo. - No me ha dejado ni arañarla. Ve... coff... ve por ella.
El veneno de la mordedura de una reina era terriblemente doloroso. Edam apartó a Alfonzo, que difícilmente se mantenía en pie.
Si vuelves a hombre te dolerá menos - le dijo Edam. La galería está limpia, y si te huelen, me olerán también a mí. Lo pensó mejor. Aulló, llamando a Treir.
Pensaba que no vendrías nunca, "jefe" - dijo la Reina, acercándose a una distancia prudencial. Prudencial. Edam olió miedo. Percibió tensión. Bien. Ella también tiene miedo. Pero avanzaba con las manos en alto, como presentándose en paz.
Voy a matarte, ¿lo sabes, puta de mierda? - respondió Edam. No pensaba entrar en su juego. Las reinas son muy rápidas.
¿Por qué? - respondió ella - ¿Acaso mi nido os ha atacado alguna vez?
Voy a matarte, zorra - le dije.
O había veinte vampiros acurrucados en un rincón... o había un reina.
Andó, pisando cadáveres, con miedo. Alfonzo debió sentir el mismo miedo, ¿por qué avanzó tan rápido? Olió a miedo de vampiro, cada vez más cerca. Cerró los ojos y cogió la cabeza del vampiro, que no se lanzaba hacia él, sino que pensaba esquivarlo. Era alto y fuerte, pero su cráneo explotó entre las manos de Edam en tres segundos. Se preparó para correr hacia delante.
Uno, dos, diez, avanzaba desgarrando pechos y cabezas de vampiros, cogiendo confianza y dejando la salida limpia, y acercándose hacia el olor de la reina.El olor de Alfonzo reapareció, avanzando rápidamente hacia él. Muy rápidamente. Edam tuvo tiempo de prepararse para pararlo. Se lo había lanzado, la muy zorra.
Al? - dijo Edam, aterrado por no encontrar respuesta.
Hija de puta - respondió Alfonzo. - No me ha dejado ni arañarla. Ve... coff... ve por ella.
El veneno de la mordedura de una reina era terriblemente doloroso. Edam apartó a Alfonzo, que difícilmente se mantenía en pie.
Si vuelves a hombre te dolerá menos - le dijo Edam. La galería está limpia, y si te huelen, me olerán también a mí. Lo pensó mejor. Aulló, llamando a Treir.
Pensaba que no vendrías nunca, "jefe" - dijo la Reina, acercándose a una distancia prudencial. Prudencial. Edam olió miedo. Percibió tensión. Bien. Ella también tiene miedo. Pero avanzaba con las manos en alto, como presentándose en paz.
Voy a matarte, ¿lo sabes, puta de mierda? - respondió Edam. No pensaba entrar en su juego. Las reinas son muy rápidas.
¿Por qué? - respondió ella - ¿Acaso mi nido os ha atacado alguna vez?
Voy a matarte, zorra - le dije.
jueves, 4 de agosto de 2011
El chupasangres...
... se retorcía, tratando de librarse del mortal abrazo al cuello de Treir, mientras por el cuerpo del vampiro resbalaban los trozos de barro que los lobos llevaban para evitar el olor.
Alfonzo, mientras, horadaba el techo del nido para dejar entrar la luz. Estaba a punto.
Con la cabeza del vampiro en una mano y el corazón en la otra, treir se embadurnó de sangre de vampiro y pasó los restos a sus compañeros. El vigía había sido útil.
Eran unos veinte. Edam no quería cometer errores. Alguien de esta colmena había asesinado a su hermano. Debían morir todos. Colgarían sus cabezas cerca de todos los nidos cercanos. Se escuchó un "crack!". Y la luz entró, friendo a unos cuantos vampiros. Edam comandó el ataque.
Cuando estaban asustados, el combate era relativamente fácil: tú les arrancas la cabeza, ellos te arañan un poco el torso, tú les arrancas primero la cabeza y después el corazón. Treir y Edam, por la derecha del nido, saltaron sobre un nutrido grupo de vampiros que huían del sol. Les cayeron encima y los corazones y cabezas comenzaron a colar. Desde la galería, donde vigilaban (uno hacia fuera, otro hacia dentro) Gunham y Tula, la imagen era algo curioso. Cabezas y corazones volaban por doquier.
Alfonzo saltó al centro de la luz y rugió. No estaba dispuesto a acabar limpio de sangre de vampiros. Y Edam vio cómo se metía hacia las galerías profundas.
Mierda - pensó Edam - y saltó detrás de él.
Alfonzo, mientras, horadaba el techo del nido para dejar entrar la luz. Estaba a punto.
Con la cabeza del vampiro en una mano y el corazón en la otra, treir se embadurnó de sangre de vampiro y pasó los restos a sus compañeros. El vigía había sido útil.
Eran unos veinte. Edam no quería cometer errores. Alguien de esta colmena había asesinado a su hermano. Debían morir todos. Colgarían sus cabezas cerca de todos los nidos cercanos. Se escuchó un "crack!". Y la luz entró, friendo a unos cuantos vampiros. Edam comandó el ataque.
Cuando estaban asustados, el combate era relativamente fácil: tú les arrancas la cabeza, ellos te arañan un poco el torso, tú les arrancas primero la cabeza y después el corazón. Treir y Edam, por la derecha del nido, saltaron sobre un nutrido grupo de vampiros que huían del sol. Les cayeron encima y los corazones y cabezas comenzaron a colar. Desde la galería, donde vigilaban (uno hacia fuera, otro hacia dentro) Gunham y Tula, la imagen era algo curioso. Cabezas y corazones volaban por doquier.
Alfonzo saltó al centro de la luz y rugió. No estaba dispuesto a acabar limpio de sangre de vampiros. Y Edam vio cómo se metía hacia las galerías profundas.
Mierda - pensó Edam - y saltó detrás de él.
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